31 Fancine: Festival de Cine Fantástico Universidad de Málaga. Día 2, 'Prisoners of the Ghostland', 'Climbing', y 'The boy behind the door'.

 




11/11/2021

Avanzamos tras la resaca de la gala inaugural, casi sin tiempo para recuperar el aliento, ante la primera jornada plagada de sesiones multitudinarias, entre las diferentes salas del Cine Albéniz, siempre con esa espinita de dejar pasar otra serie de títulos y actividades paralelas, que indudablemente, habrá que intentar recuperar en esa segunda oportunidad que ofrece el programa del Festival. 

Buscando completar la mayoría de secciones, encontramos el regreso de un viejo conocido del Festival, el director japonés Sion Sono, que ya ganó el 25 Fancine con 'Tag', y que de nuevo a concurso, presenta su último trabajo, con Nicolas Cage, alias 'El Capitán Chiflado' como protagonista. Entre la Ánima Zone, en este caso con 'Climbing', que porta nacionalidad coreana, y la deseada Horror Zone, con la norteamericana 'The Boy Behind the Door', un trabajo tenso e interesante, hemos intentado completar parte de la oferta que expone el espectro fancinero. 

De 'Climbing', destacar la presencia en la sala del maestro Bill Plympton, responsable de los diseños de los gatetes este año, y que recibe un merecido homenaje este sábado (21:30), toda una sorpresa para los que estábamos allí presentes, que despierta ese carácter mágico e inigualable del Fancine.

Para hoy viernes, la llegada del fin de semana animará sobre manera la afluencia de público y actividades, la presencia de películas tan potentes como la tailandesa 'The Medium' (Domingo 21:45), en el apartado de Horror Zone, o la japonesa 'Belle' (Sábado 17:00), de animación y a concurso, retumban entre otras, como platos fuertes del certamen.

Seguid sin miedo al Gatete de Schrödinger, os dejamos como siempre las vías de contacto, para que no os falte ni un solo detalle o información referente al festival.


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- Largometrajes a Concurso:

PRISONERS OF THE GHOSTLAND

Lo que comenzó hace un tiempo, como un descenso a los infiernos de cualquier producción barata, que pudiera suplir la deuda económica contraída por el ínclito Nicolas Cage, ha acabado por convertirse en toda una denominación de origen, que le presenta, en el otoño de su carrera, como un antihéroe decrépito, entre aturdido y excéntrico, portador de esa mirada cansada, que bien parece gritar aquello de 'tierra trágame', mientras aquel Oscar obtenido en los ya lejanos años 90 del Siglo Pasado, parece perder el poco lustre que le queda, a cada nuevo título - hasta cuatro o cinco por año - que añade su particular propietario.

De viaje por Japón, el bueno de Cage se encuentra con un alma gemela, el anárquico Sion Sono, un realizador que goza de un prestigio otorgado, por la máxima originalidad con la que enfoca la infinidad de producciones que le contemplan, y que al igual que el actor, puede acumular hasta varios títulos por año.

Espoleados por tan feliz encuentro, el hambre del realizador se junta con las ganas de comer del interprete, embarcándoles en una peculiar aventura, que mezcla varios géneros con la excusa del rescate en territorio hostil, una temática habitual dentro del cine de Samuráis, o del propio Western, los dos géneros que asume como más reconocibles, dentro de la miscelánea de referencias que la componen, como extravagante vehículo de fantasía.

Como detalle importante, Sono trabaja con un guión ajeno, escrito por Aaron Hendry y Reza Sixo Safai, algo poco habitual en el realizador, que suele firmar sus trabajos en dicho apartado, y que en este caso, parece aceptar el encargo de trasladar una historia, que presenta una serie de escenarios y eventos marcados por los tópicos, que al menos, le sirven para mostrar su habitual buena mano con la puesta en escena.

Entre Ciudad Samurai, un pueblo temático al más puro estilo del oeste americano, con su gobernador tejano incluido, y su curioso grupo de personajes, donde se dan cabida toda clase de perfiles, y la Ghostland del título, terreno yermo post apocalíptico, poblado por bichos aún más raros, la cinta se mueve con un torpe deambular, que acaba por generar desinterés y tedio, con una preocupante falta de iniciativa, que tampoco encuentra ese soplo enérgico, en la misión de su protagonista debe llevar a cabo, perdido en excentricidades más crispantes que verdaderamente originales.

Un trabajo en el que las motivaciones dramáticas de los personajes suenan a chufa, entre tanto caos narrativo, tornándose involuntariamente cómicas, mientras que los elementos más reconocibles, como es el caso del traje sorpresa que el protagonista se  ajusta, para acabar transformando en un Serpiente Plissken trasnochado, solo puede hacer las delicias de ese capitán chiflado que Nicolas Cage lleva dentro, en su particular cruzada como adalid de los engendros fílmicos más casposos.

En los apartados técnicos, destaca la banda sonora de Joseph Trapanese, que también actúa por libre como particular pieza de un Spaghetti Western, que salvo por la forma presencial, apenas deja vislumbrar su espíritu como género en el film, al igual que el concepto distópico, también ausente pese al reloj de Metrópolis. Mientras, la brillante fotografía de Souhei Tanigawa, colaborador habitual del realizador, se manifiesta como un desgraciado desperdicio de su talento, al servicio de un trabajo tan indigno.

Finalmente, y sin olvidar la belleza exótica de una Sofia Boutella casi tan perdida o más que el propio Nicolas Cage, cabe catalogar a 'Prisoners of Ghostland' como un desastre más propio del terrorismo narrativo, absolutamente devorado por la excentricidad, que ni tan siquiera sirve como un título a destacar dentro las películas malas del actor, que alguna hay que se puede disfrutar en compañía de amigos de manera despreocupada, aquí el viaje es insufrible, falto de humor, entregado al peor de los excesos, y que pronto marca un punto de no retorno, devorando cualquier atisbo coherencia que se le pudiera exigir a la cinta.






- Ánima Zone:

CLIMBING

Ya no es noticia el cine coreano se ha convertido, en las últimas dos décadas, en toda una potencia, si acaso con el exceso de producciones, incluidas las del ámbito televisivo, empiezan a vérsele las costuras, más por la continúa exposición, y también en parte, porque su cultura ya no resulta tan ajena para el espectador occidental.

Bajo esa realidad, el universo de la animación se muestra como un territorio inexplorado para muchas cinematografías, por la libertad creativa que ofrece, un asunto en el que los coreanos se manifiestan por lo general muy vanguardistas , quizá por evitar la comparación con su vecino japonés, mucho más asentado, y portador de un estilo clásico muy reconocible, depurado con bastantes años de experiencia.

Debut en la dirección de Kim Hye-mi, a partir de su propio guión original, 'Climbing' presenta la historia de una escaladora de élite, enfrentada a sus propios demonios, tras haber sufrido un accidente, que parece haber alterado su propia realidad y la de los que la rodean.

Un trabajo que define su razón de ser, con un diseño de lineas alargadas en el físico de sus protagonistas, mientras inserta unos escenarios que combinan animación tradicional, con insertos digitales, sobre todo en los objetos, lo que configura un curioso collage de tendencias estéticas.

En contra, una historia terriblemente enrevesada, confusa en algunas fases, que a pesar de la escasa duración de la cinta, unos 77 minutos, se las arregla para despertar algún que otro bostezo, incapaz de avanzar ni cuando se muestra más agresiva, o incluso adulta en aspectos como el sexo, los cuales trata siempre con una continua sensación de amenaza, acompañado por una banda sonora compuesta a tal efecto.

Finalmente, lo que podría haber quedado bastante mejor en el formato del cortometraje, básicamente porque no tiene mucho que contar, más allá de los clásicos terrores sobre la maternidad, la pareja, o la ambición profesional, quedan lastrados por una forma de  narrar demasiado ambigua y desordenada, en extremo crispante, lo que no puede salvar a 'Climbing' de una mejor consideración, pese a su esforzado y meritorio trabajo técnico.






- Horror Zone: 

THE BOY BEHIND THE DOOR

Han pasado apenas tres años, desde que la productora norteamericana Shudder se estrenara con la francesa 'Venganza' (2018), desde entonces, y con algo más de una treintena de títulos, muchos de ellos internacionales, ha conseguido destacar su sello entre los aficionados al cine de horror, gracias a películas sencillas, de presupuesto limitado, pero por lo general, bastante contundentes en su exposición.

Manejando la variante de secuestros, en este caso el de dos menores que son llevados sin motivo aparente y contra su voluntad, a una casa aislada, los debutantes David Charbonier y Justin Powell construyen, a partir de sus propio guión original, un tenso relato que añade como componente de máximo sufrimiento, el hecho de que sus víctimas sean dos menores de corta edad.

En ese punto, destaca el gran esfuerzo interpretativo de Loonie Chavis y Ezra Dewey, los cuales dan vida a Bobby y Kevin con enorme entereza, expuestos a una situación que araña a veces lo extremo, por el peligro constante de amenaza real que la cinta expone.

El recurso del escenario único, sirve a los realizadores para perpetrar ese habitual ejercicio de estilo, que básicamente, convierte la casa en un personaje más en el aspecto narrativo, explotando la perspectiva de la mirada infantil, que convierte los tránsitos por los interminables pasillos, así como la estancia en inquietantes habitaciones, en perfectos aliados para el terror.

Sumida en las sombras de una fotografía tenebrosa, predominantemente nocturna, hay que sumar el trabajo de sonido, más esmerado en los primeros compases, cuando añade un crispante pero muy adecuado latido constante, factores técnicos que se manifiestan como parte de los mejores aciertos del film.

Pese al realismo del que hace gala, los realizadores se las arreglan para homenajear, de forma muy directa y consciente, a uno de los clásicos más icónicos del cine de terror contemporáneo, justo en el punto del metraje donde la apuesta pierde la iniciativa, mostrándose algo más débil e incierta en sus decisiones, lo cual acaba por anticipar un desenlace de lo más previsible.

Finalmente, 'The boy behind the door', se las arregla para llamar la atención como particular pieza de survival horror, gracias sobre todo a la minuciosidad de un trabajo bien realizado, no todas sus decisiones son correctas, pero el tenso sufrimiento que comparte es genuino, y se transmite al espectador de manera nítida en la mayoría de sus pasajes, lo que la convierte en un título a tener en cuenta, tanto en el futuro de sus noveles autores, como en el de jóvenes y convincentes protagonistas.








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