Crítica a 'Titane': La reciente ganadora de La Palma de Oro en Cannes, un viaje obsesivo y kafkiano no apto para todos los públicos.


 Existe una nueva ola dentro del cine francés, en la que un grupo de realizadores ha optado por añadir el concepto extremo, variante de puro realismo dentro del cine de horror, al catálogo fílmico del país vecino, hasta convertirlo en una muy reconocible marca de estilo en lo que llevamos de siglo, donde se han erigido, por derecho propio, en primera potencia de tan controvertido subgénero.


Apenas dos películas ha necesitado la realizadora gala Julia Ducournau, para llamar la atención de los coleccionistas de una visión más cercana al exceso, gracias a un prometedor debut en 'Crudo' (2016), un trabajo que se postulaba más como una fábula oscura y carnívora, sobre ese difícil periodo que es la adolescencia, abrazando ese particular concepto kafkiano, que tan buenos resultados suele ofrecer a los realizadores que abrazan su enérgico estilo visual.

Como destacado homenaje a 'La Nueva Carne', impuesto por el maestro David Cronenberg , el paso natural de Ducournau era seguir flirteando con las referencias al realizador canadiense, y tras ponerse de nuevo a los mandos, al igual que en 'Crudo', de un guión en solitario, da como resultado 'Titane', un trabajo deudor de 'Crash' (1996), de la que ha tomado prestada la atmósfera enfermiza y desoladora, así como alguna línea argumental directa, sujeta a ese punto de excentricidad que proporcionan los comportamientos autodestructivos.

Es así, como asuntos tales como el vacío existencial, la fragilidad del cuerpo humano, o la degradación moral, recorren el esqueleto de un cinta que se retuerce y regodea en sus propios excesos, portando un componente fantástico reconocible, que permite a la realizadora, más allá del homenaje, experimentar en paralelo con su propio discurso, tan personal como Insólito, sobre todo para para aquellos paladares poco acostumbrados a contemplar en pantalla, metamorfosis de un elevado tono gráfico.

Abrazando un aspecto más bien minimalista, de sitios cerrados y oscuridad predominante, con alguna que otra filigrana estética, que nunca pierde de vista lo obsesivo, su contundente trabajo de sonido, así como un adecuado surtido musical de temas escogidos, se perfilan como apartados destacados en el buen hacer del trabajo técnico de un film, que necesita expresar su ímpetu, más como experiencia sensorial e inmersiva, que le permita alejarse completamente de la narración convencional.

El mano a mano entre el veterano Vincent Lindon, y la sorpresa de la debutante Agathe Rousselle, ocupan la atención de un reparto que se reduce básicamente, a ese duelo tenso e implicado entre ambos actores, sostenido por una química visceral y ambigua, que finalmente se manifiesta, como uno de los mejores hallazgos del film.

Por último, el viaje original y libre que ofrece 'Titane', en las antípodas de lo rutinario, le ha llevado a alzarse con la reciente Palma de Oro en el Festival de Cannes, un galardón que premia sin duda su valentía, más allá de sus defectos, los menos de forma, y algunos de contenido, el film de Julia Ducournau será para muchos un tránsito más bien insoportable, por la incapacidad de situar su particular pesadilla en un plano cinematográfico concreto, pero es lo que tiene ser miembro del Club Kafka, ese en el que, y con apenas dos títulos, parece postularse como miembro destacado, enrocada desde ya como presumible realizadora de culto, o lo que es mismo, admirada por fieles creyentes, y tristemente despreciada por la mayoría.








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