Crítica a 'Sin tiempo para morir': Daniel Craig se despide de 007, tras una brillante aportación personal, con un film insustancial



Hasta las notas musicales de Billie Elish, insertadas en los sinuosos créditos iniciales, una de las irrenunciables señas de identidad del universo Bond, suenan quebradas a triste despedida, tras cinco películas, Daniel Craig dice adiós a un personaje, cuyo smoking comenzó a vestir en 2006, casi importado, aunque salvando las diferencias, de su papel en 'Munich', de Steven Spielberg, una de las grandes obras maestras de este siglo.

Ante el evidente fin de ciclo, toca recapitular sobre la etapa Craig, más allá de su enorme capacidad y carisma, a la hora de dar vida al mítico agente con licencia para matar, el contraste entre películas deja una evidencia, si 'Casino Royale' (2006), era sorprendentemente buena, presentando a un James Bond mas propio de la época actual, la anodina 'Quantum of Solace' (2008), bajaba un par de escalones que justamente iba a recuperar 'Skyfall' (2012), todo un homenaje sombrío para celebrar las bodas de oro cinematográficas de 007, a la que iba a suceder 'Spectre', un trabajo que mostraba signos de agotamiento, e incluso se permitía flirtear puntualmente, con algunos de los peores pecados de la era Brosnan.

Pese a los defectos, Sam Mendes dejó el listón muy alto tanto en Skyfall como en Spectre, es por eso que los productores Michael G. Wilson y Barbara Broccoli, seguramente acostumbrados ya a tener un director de tanto prestigio a los mandos, pensaron en Danny Boyle para ocupar ese vacío de poder, en la que supone la película número 25 de la saga, pero tras abandonar por diferencias creativas, 'Sin tiempo para morir' acabó en manos del norteamericano Cary Joji Fukunaga, el primer realizador no británico, ni tampoco Commonwealth, en ponerse a los mandos de una película Bond.

El más que evidente proceso de 'bourneización' del personaje, iniciado en Casino Royale, es mérito de los guionistas Neil Purvis, Robert Wade, y Paul Haggis, al que sucedió John Logan para Skyfall y Spectre, el cual también ha desaparecido de tales labores en ésta última entrega, en favor del propio Fukunaga, sumándose también Phoebe Waller-Bridge, para una historia que se sustenta sobre el legado de la era Craig, y va cerrando tramas y heridas durante algo más de 160 minutos, un metraje excesivo para un argumento verdaderamente simple, muy de actualidad, que en ningún caso requería mostrarse tan innecesariamente confuso, en algunos de sus tramos narrativos.

El excesivo tono familiar, muy pasado de rosca e intensidad, es otro de los defectos de un film, que no porta ni de lejos el equilibrio que mostraba Sam Mendes en las entregas más cercanas, cierto que Daniel Craig tiene ya algo más de 50 primaveras, y en parte es comprensible que se pueda humanizar más que nunca al personaje, pero de ahí a degenerarlo hasta casi robarle la consistencia, es indudablemente otro error de sus responsables.

El fondo estético tampoco acompaña a un trabajo, muy afeado por el enfoque en la fotografía de Linus Sandgren, de entre unos apartados técnicos que parecen sumidos en la bruma de su erróneo tono dramático, en el que solo se puede salvar la composición de Hans Zimmer, que se hace fuerte gracias a los homenajes a temas musicales clásicos de la saga, donde el legendario John Barry tiene, como no podía ser de otra forma, un lugar destacado entre los temas escogidos.

En cualquier caso, 'Sin tiempo para morir' va de más a menos, mientras la acción se mueve entre alguna que escena genuina y trepidante, la cosa funciona, parte del inicio nos lleva a Jamaica y a Felix Leiter, en un claro recuerdo al primer film Bond, 'Agente 007 contra el Dr. No' (1962), previamente, el Aston Martin más famoso del cine ha hecho su trabajo, homenajes varios que suman, en el aspecto más positivo, para hacer las delicias de los más mitómanos del universo bondiano.

Del reparto, destaca la breve pero destacable presencia de una Ana de Armas en continuo crecimiento, la inserción de Lashana Lynch como agente doble cero, y la siempre estimulante presencia de Léa Seydoux, la cuales completan un acompañamiento femenino de lo más compacto. Completan bueno actores como Ralph Fiennes o Ben Whishaw, mientras la atención se centra, como no podía ser de otro modo, en el villano de la función, al que da vida un Rami Malek que compone su personaje de una manera inquietante, pese a que la ambigüedad con la que se desarrolla, lo que acaba lastrando en parte el virtuosismo interpretativo del actor.

Finalmente, hay que reconocer a Daniel Craig el mérito de haber construido un James Bond frío, duro, bastante acorde a nuestro tiempo, e incluso más cercano al personaje ideado por Ian Fleming para lo literario, un esfuerzo reconocido por crítica y público que de manera incuestionable, ha dejado huella, sobre todo de cara a lo que pronto será un nuevo reinicio, para el único agente secreto de la historia, que se presenta a todo el mundo con su nombre real, adicto a las chicas guapas, a los coches de alta gama, a los martinis con vodka mezclados, que no agitados, y cuya misión es transportarnos, desde hace ya casi 50 años, al terreno del entretenimiento de máxima calidad.





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