Crítica a 'Benedetta': la nueva película de Paul Verhoeven, maestro del exceso y de la provocación.

 



Hay un buen número de realizadores que puede asumir nuestra generación como propios, pero pocos tienen el encanto particular que posee el holandés Paul Verhoeven, todo un superviviente cuya escueta, pero muy intensa etapa en Hollywood, dejó algunas de las películas más icónicas de finales de los 80, y durante la década de los 90 del Siglo Pasado, justo antes de ser expulsado de aquel Olimpo hipócrita, con la etiqueta de excesivo y políticamente incorrecto.

Precisamente, lo que pone a Verhoeven es la incorrección, quizá por eso, tras abandonar La Meca del Cine a principios del 2000, y tras una breve parada en casa para rodar la estimable 'El Libro Negro' (2006), su tránsito como realizador le llevo a Francia, lugar idóneo sobre el que desarrollar, con absoluta libertad, su particular estilo provocador, donde la complejidad de lo sexual, nunca sujeta a ningún canon convencional, ocupa uno de los principales vértices de su mirada como cineasta.

La historia real de Benedetta Carlini, una monja que vivió en la etapa de la contrarreforma, durante los Siglos XVI y XVII, está basada en la obra 'Inmodest Acts', o 'Actos Impúdicos' (1986), de Judith Brown, la cual explica los acontecimientos que la llevaron a ser una figura de relevancia histórica, como icono lésbico de la Italia renacentista.

Una historia que encaja como paso natural, tras la reciente 'Elle' (2016), rodada también en el país vecino, y que recupera el gusto de Verhoeven por el cine de época, con tono medieval, del que desgraciadamente, solo podíamos disfrutar la brillante 'Los Señores del Acero' (1985), básicamente porque su proyecto sobre las cruzadas nunca encontró financiación.

El aspecto transgresor de 'Benedetta', se hace fuerte desde lo terrenal, con acceso puntual a lo grotesco o lo escatológico, para denunciar realmente, desvestida de cualquier prejuicio estético o de corrección, la espiritualidad falsa y el fanatismo impuesto, con un delicioso tono blasfemo, y sin renunciar nunca a marcas de estilo del realizador, como son la deformidad física o la violencia extrema.

Vivimos una época de restauración feminista, es por eso que encontrar un mirada tan limpia, tan comprensible sobre el tema, que no juega a esconder sus excesos, e incluso se muestra alegremente promiscua, tocando en varias ocasiones el techo de lo verdaderamente sensual, supone un punto de virtuosismo a tener en cuenta, sobre todo en los tiempos que corren, tan huérfanos de material genuino y faltos de valentía.

En contra, ciertos accesos a la ambigüedad de la protagonista, manifestados en su mayoría, a través de la relación onírica con el propio Jesucristo, afectan en parte al desarrollo argumental, fragmentando en parte el cristal de ese foco dirigido a la fingida moral del catolicismo, un asunto que la conecta con los ecos de 'El Nombre de la Rosa' (1986), a la que une temática y detalles concretos, pese a que el film de Annaud conseguía alcanzar un punto más solemne en su discurso.

El trabajo con los actores, en especial con Virginie Efira, la cual se siente bastante engreída en la piel de Benedetta, manifiesta un mal endémico habitual en los interpretes galos, y supone otro de los puntos fuertes del realizador, ya que consigue consigue desnudarla, no solo física, sino emocionalmente, soltando cuerda solamente en esos momentos puntuales, que se requiere que el personaje muestre toda su soberbia. En perfecta contraposición a Efira, se encuentra la la joven Daphne Patakia, que da vida a Bartolomea, con un papel bastante más sencillo, lasciva y libre desde el primer instante, arropadas ambas por el siempre consistente trabajo de la veterana Charlotte Rampling, dentro de un reparto europeo en el que también destaca el trabajo de Lambert Wilson, como nuncio florentino.

De los apartados técnicos, señalar el buen trabajo de Anne Dudley en la banda sonora, así como un cuidado diseño de producción o vestuario, modesto pero efectivo para recrear los muros de lo que básicamente, se mueve en un solo escenario, dentro y fuera de los muros del convento de la ciudad toscana de Pescia.

Finalmente, parece que 'Benedetta' ha molestado a ciertos sectores conservadores de la iglesia católica, ya saben, los famosos meapilas esos, los mismos que excomulgaron a Martin Scorsese y Paul Schrader por 'La Última Tentación de Cristo' (1989), con la que, salvando las distancias, el film que nos ocupa tiene mucho que ver por lo religioso. Un asunto que hace sumar aún más puntos a un Paul Verhoeven, que seguro contempla divertido como le hacen un trabajo de publicidad, de esos que no se pueden pagar, mientras la sombra de ser posiblemente repudiado por la santa madre Iglesia, tras una carrera como instigador del escándalo, y cumplidos ya los 83 años, debe sencillamente importarle un bledo. Alabado sea.

















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