Crítica a 'Dune': Denis Villeneuve se hunde hasta la rodillas en las arenas de Arrakis, pero sale airoso, una adaptación apabullante en lo visual, pese a su carácter inadaptable e inconcluso.


 


'En estos tiempos la sustancia más apreciada del universo es la especia melange, especia que extiende la vida, especia que expande la consciencia, la especia es vital en los viajes espaciales, la cofradía del espacio y sus navegantes, a quienes la especia ha venido mutando durante cuatro mil años, utilizan el gas de especia naranja, que les confiere la facultad de plegar el espacio, es decir, de viajar a cualquier lugar del universo sin necesidad de moverse'

Desde su publicación en 1965, pocas novelas han fascinado tanto la mente de los cineastas más creativos, durante varias generaciones, como Dune de Frank Herbert. Convertida en tótem de la ciencia ficción, su carácter de texto insondable e inabarcable, convierte su adaptación a la gran pantalla en una odisea puramente megalómana, que requiere cierto punto de locura a la hora de acometer empresa tan compleja.

Imposible pasar por alto el enorme esfuerzo de Alejandro Jodorowsky, que ya a mediados de los 70, intentó adaptar sin éxito Dune, rodeado de grandes artistas como Jean Giraud 'Moebius', Dan O'Bannon, o H.R. Giger, entre otros, que curiosamente, acabaron trabajando en bloque para Alien (1979), mientras el proyecto acababa en manos de los infames productores italianos De Laurentiis, en lo que finalmente sería la única adaptación conocida hasta la fecha de la obra de Herbert, dirigida por el maestro David Lynch en 1984, y despreciada prácticamente por casi todo el planeta tierra.

Del film de Lynch, hay que señalar que pese a sus evidentes defectos, casi todos derivados de un ritmo narrativo sumido en el caos, sujeto a un montaje que deja entrever que faltan bastantes horas de metraje, una vez pasado el tiempo, y revisitándola en posteriores visionados, es un trabajo con algún que otro hallazgo, que se hace fuerte en el gusto por los detalles, y por un poderoso carácter grotesco cuando enfoca lo tenebroso, adquiriendo por derecho propio esa etiqueta de culto, no instantáneo, básicamente porque sus valores eran casi imposibles de descifrar en el momento de su estreno.

Hablando de estrenos, estamos aquí por Denis Villeneuve, el realizador canadiense ha escuchado la súplica de muchos, durante casi cuarenta años, de que algo mejor se podía hacer cinematográficamente hablando con Dune, al menos en el apartado medios, y con un presupuesto de 165 millones de dólares, la primera nota positiva, es que el aspecto estético del film ha quedado bastante a salvo.

El carácter imposible de la producción, por inadaptable, ya es otra cosa, Villeneuve tiene claros los conceptos, según sus propias declaraciones, la política, la religión, los peligros de la colonización, el impacto medioambiental, la amenaza de las figuras mesiánicas, es por eso que ejerce las tareas de guionista junto a Eric Roth y Jon Spaiths, en un intento por condensar los aspectos más importantes de la obra de Herbert, en una odisea que irremediablemente, contiene la amenaza del fracaso entre sus posibilidades más certeras.

Como realizador frío e impersonal, el canadiense ha debido sentirse como pez en el agua, con una historia que según sus propias palabras, debe verse como una experiencia sensorial e inmersiva, mientras que la obligada fantasía visual debe hacer el resto, un punto donde verdaderamente Villeneuve tiene una buena mano como visionario, dejando escenas verdaderamente deslumbrantes.

La presentación de los de personajes resulta bastante menos fluida, sujeta a la enorme amalgama de caracteres que componen tan superpoblado universo, el realizador opta por conferirles conceptos básicos como la ambición o el temor, desdibujando muchas de las motivaciones que componen una historia ambientada más allá del año 10.000, y sujeta a profundas raíces ético filosóficas, que aquí parecen haberse difuminado en favor de un gen onírico de apático misticismo, que a veces confunde solemnidad con tedio, y que acaba por resultar, sobre todo en la última media hora, algo indigesto.

Con la vista puesta en los clásicos, es inevitable que la mitología del conflicto en Dune, no transporte al espectador a lo que por otra parte, es una intención declarada por parte del propio Villeneuve, mostrar las grandilocuencia de las grandes batallas fílmicas de antaño, es así como la lucha entre las casas Harkonnen y Atreides, copan un enfrentamiento de lo más vistoso y prometedor, en lo que no olvidemos, es solamente una primera parte inconclusa, que aún debe completarse como dos mitades, cuando la producción de la segunda cinta consiga ver la luz.

De un reparto algo apático, capitaneado por el odiado por muchos, pero convincente Timotheé Chalamet, dando vida a Paul Atreides, aun lejos de ser un gran Muad'dib, pero con argumentos para la esperanza. También destaca la presencia de nuestro Javier Bardem como el líder fremen Stilgar, y un Dave Bautista muy bien escogido para dar vida a Glossu 'La Bestia' Rabban, sobrino del Baron Harkonnen, histrionizado desde lo inquietante para por Stellan Skarsgård. La testosterona del film la aportan presencias tan deseadas como Jason Momoa, Josh Brolin, y Oscar Isaac, bastante correctos en su aportación. Completan veteranas de la talla de Charlotte Rampling, dando la alternativa a promesas como Zendaya, en un elenco femenino que también contempla la consagración de Rebecca Ferguson, en el papel de una Lady Jessica persuasiva y en extremo creíble.

En los apartados técnicos, la batuta de Hans Zimmer, unida al excelente trabajo de fotografía de Greig Fraser, sobresalen de entre los notables trabajos en el diseño de producción, el sonido, o el vestuario, factores determinantes para una producción, que requiere de tales elementos funcionando en perfecta armonía, para al menos elevar el tono de calidad de una obra tan profundamente dependiente en lo visual.

Finalmente, es bastante probable que la visión de Denis Villeneuve encuentre más rechazo que adeptos, no estamos ante un film comercial, por mucho que se empeñen en venderla como tal, y a la mayoría que no conozca nada de la historia, pese a los esfuerzos de comprensión de sus responsables, le puede resultar una travesía de lo más confusa. 

De cualquier modo, al realizador le vale para asentar su estrella como valor del género fantástico y de ciencia ficción, y pese a los defectos, casi todos de ritmo narrativo, compensados eso si, con con un poderoso fondo estético, no sería justo hablar ni mucho menos de fracaso, sobre todo cuando deseamos volver con destino Arrakis, para completar la otra parte de un viaje repleto de grandes argumentos, los mismos que ofrece el texto original de Herbert, los cuales han terminado insertados en innumerables manifestaciones artísticas, de infinita influencia en la cultura popular contemporánea.






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1 Comentarios

  1. A mi me pareció aburrida, y bastante mas alejada de la novela que la de david linch.

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