Para Toda la Vida: un drama de amor de esas que te destrozan el día.


La nueva novia de América, Jessica Rothe y el actor romántico de moda Harry Shum Jr.  protagonizan este dramón en teoría optimista que adapta una historia de amor real y trágica. Y es que cuando mezclamos amor perfectos, jóvenes guapos y también perfectos y una enfermedad mortal, el resultado siempre es el mismo, corazón encogido y montañas de pañuelos de papel.

Para toda la vida nos cuenta la historia de dos jóvenes que un día se conocen en un bar y que tienen un flechazo instantáneo... Los dos son perfectos, ella es guapa, estudiante, simpática, lista con un grupo de amigas que la apoyan en todo y un futuro prometedor por delante, y el es casi mas perfecto aun, porque además de guapo, con éxito, simpático, educado, etc... se le une el hecho de que cocina de puta madre y todo sería una comedia romántica al uso si no fuera por el pequeño detalle de que el se va a morir.


En primer lugar el mensaje que te quiere mandar la película es el de aprovecha el momento porque cualquier día te pueden diagnosticar una enfermedad terminal. Un mensaje que en teoría es optimista pero vamos en esta época de pandemia de un mal rollo que te cagas. Y aunque no se ceban en el sufrimiento del enfermo, no esperéis muchas escenas de hospital y eso, la película te va mandando tal cantidad de sentimientos happy flowers que cuando viene el bajón es aun mas chungo... pero es que tras el bajón seguimos con los sentimientos llenos de algodón de azúcar y cosas rosas. Es lo que podríamos llamar una película de Mr Wonderful pero con cáncer.

La cinta es bastante excesiva en mostrar todos los sentimientos y bueno eso implica que los actores estén digamos poco creíbles. Cualquier parecido con una relación normal es pura coincidencia, hay un amago de pelea en un momento de la película pero noooooo, el drama no está ahi, el drama es tirarte mas de 60 minutos mostrándonos felicidad para decirnos después... Pues que sepas que va a morir. Es terrorismo emocional llevado a la enésima potencia. Eso sí, como buena película para ver después de comer un fin de semana, no permite que quites la mirada de la pantalla en una especie de morbo sádico que no puedo llegar a entender.
 

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