Los Niños de la Estación del Zoo: Drogas, prostitución y violencia en la Berlín de los 70

Prime Video ha estrenado la nueva reimaginación de las memorias de Christiane F., Wir Kinder vom Bahnhof Zoo, y que tuvo una magnífica adaptación en los 80 bajo el nombre de Yo Christiane F. Hijos de la droga. Ahora nos llega esta nueva adaptación, en 8 episodios de 50 minutos cada uno, bajo el nombre de Los niños de la estación del zoo, donde se nos mostrará el duro momento del Berlín de los 70 para un grupo de adolescente.

Sigue la historia de seis adolescentes que luchan por alcanzar su sueño de felicidad y libertad, dejando atrás a sus familias, profesores y todo aquel que no les entienda. Christiane (Jana McKinnon), Stella (Lena Urzendowsky), Babsi (Lea Drinda), Benno (Michelangelo Fortuzzi) Axel (Jeremias Meyer) y Michi (Bruno Alexander) se adentran en las trepidantes noches berlinesas, sin límites ni reglas, para celebrar la vida, el amor y las tentaciones, hasta que se ven obligados a reconocer que ese éxtasis no solo destruirá su amistad, sino que les condenará al abismo.

Los Niños de la Estación del Zoo es una serie muy dura, donde nada se esconde bajo su magnífico aspecto musical y banda sonora, y que retrata a la perfección los convulsos años en la Berlín de los 70, esta vez centrado en un grupo de jóvenes y sus crudas vivencias llenas de jeringuillas, violencia familiar, pederastia, suicidio y prostitución. Y pesar de la naturaleza dura del título en particular, todo se desarrolla de una forma tan natural que duele su visionado. Su única pega, es que no llegamos a cuadrar a un grupo de actores de más de veinte interpretando a chiquillos recién llegados a la adolescencia.

En Los niños de la estación del zoo, la discoteca SOUND actúa como un personaje más de los hechos que se nos van contando, siendo el eje de la historia de estos seis chic@s y sus vivencias, aunque el personaje de Christiane es sin lugar a duda la gran protagonista de la historia, dejando las demas historias como algo anexo y secundario. 

Tal vez una duración, demasiado excelsa, estropea un poco el resultado final, que es más que interesante aunque no para público sensibles.


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