Crítica a 'Monster Hunter': La hemos visto y confirmamos, es tan mala como parece.


 

En el particular universo de realizadores cinematográficos, existe un curioso apartado Andersoniano compuesto por tres figuras, la de Paul Thomas Anderson, maestro del cine moderno, que como el mítico Orson Welles, se configura totalmente adelantado a su tiempo. El segundo nombre es el de Wes Anderson, ese geniecillo peculiar, dotado de un enorme talento y sobrado de originalidad. Por último, tenemos a Paul W.S. Anderson, con un aviso, hay que desconfiar del nombre más largo, muy lejos queda ese deseado 'Horizonte Final', una gota en el océano, el nuevo milenio le ha vendido al funesto imperio de lo digital, mostrándole como un director torpe y perjudicialmente plano.

Adaptación de la celebérrima saga de videojuegos de Capcom, lo primero que sorprende de la curiosa miscelánea de productoras, es la presencia de la japonesa Toho, famosa por su legendaria afición a las películas de monstruos, algo que lleva a una reflexión inevitable, sobre todo tras haber avanzado en el metraje la cinta, la de que cualquier director asiático habría sacado mejor partido a este material.

Como película, 'Monster Hunter' naufraga básicamente en todos los aspectos que la forman como producción, es estéticamente fea y reprobable, está tan muerta en el aspecto narrativo, como el escenario estéril e inerte en el que se desarrolla, y resulta tan lineal y predecible, que no se puede decir aquello de que al menos sea entretenida.

A muchos planos por minuto, en sus escenas más movidas, con una ausencia incomprensible en las tres normas básicas, planteamiento, nudo, y desenlace, los cuales difumina haciendo aún más incomprensible su tránsito, el trabajo de Anderson se muestra torpe, y totalmente falto de épica e imaginación.

La relación entre los dos principales protagonistas de la trama, sufre además del terrible defecto de la incomunicación, con un Tony Jaa y una Mila Jovovich ridículos, insertados en un escenario tedioso, que se hace particularmente insufrible en las escenas nocturnas, donde la ausencia de personalidad se hace aún más evidente.

Completa el reparto un Ron Perlman caracterizado de una forma grotesca, acompañado por un grupo de actores de todas las nacionalidades, prestos a cubrir la particular cuota racial, pero a los que apenas se les permiten unos minutos, sumando un engendro gatuno sin gracia, generado por ordenador.

Pese a todo lo dicho, todavía se puede añadir otro enorme defecto de forma, mientras se acerca el final, se percibe ese carácter inconcluso que persigue a la otra saga de esta particular pareja de baile, la de Resident Evil, a la que curiosamente se parece mucho, no solo en la falta de fidelidad hacia los videojuegos en los que se basan, también en su abominable aspecto estético.

Finalmente, el cine de entretenimiento es muy propenso a vomitar este tipo de engendros digitales, los cuales sirven, todo hay que decirlo, para que la crítica cubra su habitual cuota de mala leche, mientras Paul W.S., el Anderson malo, se doctora Cum Laude como todo un experto en la materia, amenazando con prolongar un producto que seguramente, acabe en un breve espacio de tiempo convertido en otra saga funesta.



Publicar un comentario

0 Comentarios