Madre solo hay dos: Netflix sigue apostando por mucha mediocridad para llenar sus armarios




A pesar de tener un nivel bastante dudoso, Netflix no es la primera plataforma que apuesta por la ficción cómica con tintes dramáticos mexicana, hace algunos meses ya pudimos ver en Amazon El Juego de las Llaves y ahora llega a la gran N el título Madre no hay más que dos, un producto ligero de nueve episodios de capítulos entre 30 y 45 minutos que bueno sin ser un mal título tampoco es para tirar cohetes y sirve para llenar el cajón desatre de la plataforma.

La historia gira alrededor de 2 bebés que son intercambiadas tras nacer en el hospital. Después de que han pasado algunos meses, las mamás se enteran de este error y proceden a intercambiar a sus hijas. Sin embargo, el proceso de desprenderse de la pequeña con la que han convivido durante todas esas semanas se vuelve muy doloroso. Así es como llegan al acuerdo de vivir juntas de manera temporal, dando paso a una familia bastante extraña, disfuncional y con enormes diferencias en la forma de pensar al momento de educar a las pequeñas.

Ludwika Paleta y Paulina Goto son las principales protagonistas de esta titulo de enredos que, bajo una presumible interesante premisa, pero para nada original, nos trae en formato comedia pero con tintes de drama un producto bastante light y en el que no solo viviremos situaciones cómicas sino se acercara también a los problemas de la maternidad en la actualidad en un país como México.




Aunque su desarrollo es ágil y para nada pesado, el título está muy penalizado por sus actuaciones forzadas, situaciones llenas de cliché y un flojisimo  guión con momentos interesantes pero otros demasiados manidos. Tiene escenas subiditas de tono, así que olvidaros de verlo en familia y dejarlo para un fin de semana en pareja o entre amigos, siempre y cuando no tengáis nada mejor que ver (espero que eso no sea así).

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