El Practicante: Un gran Mario Casas en un título que no termina de ser redondo



Mario Casas no se cansa de intentar hacernos ver que es mucho más que una cara bonita, y si ya lo bordó en El Fotógrafo de Mathausen o Adios, vuelve con un papel hecho a su medida, pero muy diferente a lo que realiza habitualmente con El Practicante, donde lo veremos en su versión más psicópata por petición de Netflix.

Ángel (Mario Casas) trabaja como técnico en emergencias sanitarias a bordo de una ambulancia. Tras sufrir un grave accidente, su vida junto a Vane (Déborah François) empieza a desmoronarse. Obsesionado con la idea de que ella le es infiel, convertirá su vida en un infierno del que será difícil escapar.

A Mario Casas se le nota que disfruta con los nuevos  retos y el papel de este perturbado en silla de rueda hace que el actor sea el gran sustento de una película oscura, con muy mala sangre y momentos excelentes que se combinan con otros que hacen patinar un poco el resultado, sobre todo en su parte final donde hay muchas cosas que chirrían.



El director de El Practicante, Carles Torra, nos quiere, con un rodaje de muchas sombras, traer un producto limpio y de duración ajustado, no intenta contarnos algo que el espectador ya puede intuir, sino que se centra en lo que a este le puede interesar, y lo hace realmente bien, pero también es verdad que depende demasiado de la actuación de Casas, convirtiendo este thriller, sin ser un mal producto, en algo menor por no tener más argumentos donde apoyarse.




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