Padre no hay más que uno 2: Y sigo siendo el rey




Dos cosas tenia claro con la secuela de Padre No Hay Más Que Uno. La primera es que sería peor que su primera entrega, suele pasar en este tipo de productos de éxitos que intentan repetir triunfo en un escaso lapso de tiempo, el gran ejemplo es Ocho Apellidos Vascos. Y la segunda es que iba a ser un pelotazo de taquilla, Santiago Segura sabía que adelantando su estreno y sin casi competencia, la la película iba a ser un pelotazo, como parece lo está siendo.

Quiero dejar claro que está secuela no es mala película, es más, es un copy-paste de la primera entrega, quizás no tan fresca, pero que claramente podríamos haber endosado al final de aquella y tener una película de casi cuatro horas sin casi notar el corte. No nos engañemos, cambiando el viaje de la madre por la aparición de la suegra, aquí no cambia casi nada.

Además, y contando con un casting familiar muy acertado, los niños funcionan todos, nuestro querido Santiago se ha reunido con muchos amiguitos que van realizando cameos durante el transcurso de la película, tal vez sin aportar mucho al resultado final, pero ya fue una fórmula que le funcionó en las entregas de Torrente.




Lo que queda muy claro es que Santiago Segura es un crack en lo que se refiere al humor, ya sea zafio y salvaje como más familiar, y sabe dónde pulsar para hacernos sonreir. Es que todo lo demás poco importa. El guión de la película es una serie de gags que solo tienen conexión con un tema principal que podría haber sido cualquiera. Exitazo veraniego que aprovechará la coyuntura del Covid19 para convertirse en rey, aunque sea un poco un rey de pacotilla.


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