Crítica a 'Tenet': Nolan sigue marcando el ritmo, en el cine de entretenimiento de máxima calidad.

Solo una palabra, en realidad un apellido, Nolan, uno de los pocos realizadores capaces de convulsionar en planeta cine con cada nuevo estreno, y que para su película número once, y quizá no por casualidad, ha elegido jugar con una cifra capicúa, añadiéndola a esa ecuación casi impecable, que configura su particular filmografía.

Actuando como guionista en solitario, y en esto, muchos echarán en falta, no sin razón, la presencia de su hermano Jonathan, para equilibrar como buen yang, muchas de las partes más confusas de la trama, Christopher Nolan se ha apresurado a reconocer, que ni el mismo conoce todas las claves de Tenet, palíndromo que esconde un elaborado discurso sobre la percepción de la cualidad del tiempo.

Imposible pasar por alto su evidente relación con 'Origen', pero también con 'Interestellar', ya que las habituales obsesiones de Nolan por el tiempo, el miedo al olvido, o la heroicidad impuesta, están presentes en su obra casi desde aquella película temprana llamada 'Memento', que sirvió para colocarle, hace dos décadas, en la lista de realizadores a tener en cuenta en un futuro.

En Tenet, los apartados técnicos cobran un protagonismo fundamental, para dar forma a su rico imaginario visual, plagado de acrobacias, bajo un envoltorio narrativo de viajes invertidos en el tiempo, que tienen en la fotografía de Hoyte van Hoytema, habitual del realizador, su factor más vistoso, por inmediato, igual que la música de un Ludwig Göransson en racha, que recoge en su partitura, con bastante habilidad, parte de esa solemnidad que Hans Zimmer había aportado hasta ahora al cine de Nolan, sin olvidar el vibrante trabajo de montaje de Jennifer Lame, factores todos ellos de impecable calidad, fundamentales para mejorar notablemente el tono de cualquier producción.

El espectro globalizador, en el que las nuevas tecnologías son aplicadas, dentro de una compleja red de espionaje empresarial, es otro de los temas que interesan al realizador, y que alcanzan un mayor nivel de interés ahora que vivimos tiempos convulsos de pandemia, donde la paranoia por conspiraciones varias, parece tomar forma en ese futuro cercano que adelanta Nolan en algunos de sus trabajos más recientes.

Del reparto, el protagonismo de John David Washington quizá aclare, por su esforzada aportación, algunas de esas dudas que algunos tienen sobre la posibilidad de un James Bond negro, del resto, señalar la breve aparición del legendario Michael Caine, actor fetiche del realizador, también en el plano secundario, la de un cada vez mejor Robert Pattinson, felizmente alejado de sus inicios, el buen hacer de Elizabeth Debicki, y la presencia de un Kenneth Branagh convincente, recién rescatado de las playas de Dunkerke.

Finalmente, Tenet se incrusta dentro de esta recién inaugurada nueva década, y al igual que hiciera Origen, justo hace ahora diez años, seguramente tampoco por casualidad, resulta absurdo entrar en el debate sobre el endiosamiento del realizador, pese a la evidente existencia de una iglesia de culto al nolanismo, detractores ya tuvo el otro director protegido de la Warner en su momento, el inigualable Stanley Kubrick, el tiempo será el único juez que pueda evaluar su aportación al Séptimo Arte, considerada seguramente muy valiosa, lo que es bastante más seguro, es que Christopher Nolan se vuelve a posicionar, de manera incontestable, para seguir marcando el ritmo en el cine de entretenimiento de máxima calidad en los años venideros.


 

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