Crítica a 'Uncut Gems': De esas pequeñas joyas, mitad piedra preciosa, mitad bisutería, que suele ofrecer el cine independiente.



En un año marcado por las experiencias inmersivas de varios tipos, todas presentes, en mayor o menor medida, en los circuitos de premios, sorprende mucho que la quinta película de los hermanos Safdie, Ben y Joshua, se haya quedado fuera de las candidaturas, sobre todo teniendo en cuenta el excelente trabajo de su actor protagonista, un Adam Sandler vistiendo ese codiciado traje a medida, que tanto suelen ambicionar los intérpretes a lo largo de su carrera.

Basada en una película italiana que nunca se rodó, y que iba a protagonizar Alberto Sordi allá por los años 70, dando vida a un joyero de Nápoles asediado por la mafia, 'Uncut Gems' traslada su acción al Nueva York de los diamantes, en su famoso distrito judío, con un estilo original, apoyado en los resortes independientes, cuya principal baza es la peculiar energía de la que el film hace gala, expresado en un ritmo frenético, que resulta por momentos tan agotador como deslumbrante.

Curiosamente, para quien no haya oído hablar de los judíos etíopes, el punto de partida del film, basta con indagar un poco sobre el tema, para descubrir que el país africano tiene una historia de lo más curiosa en ese sentido, con una fuerte presencia de la iglesia ortodoxa desde hace siglos, algo que parece capturar, desde un aspecto de pura fascinación, la enigmática gema ancestral sobre la que gira el agitado destino de sus personajes.

Permitidme ser tan caótico en estas líneas, como Los Safdie a la hora de narrar este particular descenso a los infiernos de su protagonista, un Howard Ratner desquiciado, capaz de vender su alma por una apuesta, negociando cualquier objeto a su alcance, sea suyo o prestado, siguiendo una intuición que casi ha acabado ya con su vida familiar, e incluso pone en peligro la propia integridad física.

Del reparto, señalar la presencia del jugador de la NBA Kevin Garnett, el auténtico, quizá habría sido noticia sino fuera porque uno es incapaz de apartar la mirada de Howard, un Adam Sandler superlativo, con una prótesis que recuerda aquello de 'dientes, dientes, que es lo que les jode', que decía la folklórica, muy acorde y comprometido con el tono de un film que le pertenece por derecho propio, y que en parte, como ya hiciera en la excelente 'Punch-Drunk-Love' (2002), del maestro Paul Thomas Anderson, le redime de tanto título cochambroso, o simplemente mediocre, que copa su filmografía.   

En los apartados técnicos, destaca un cuidado trabajo de fotografía, con algún destello brillante, sobre todo al abrigo de la oscuridad, con nocturnidad y ánimo alevoso, filtrado sobre el uso de una música algo experimental, que a veces no encaja bien en el tono visual que porta, pero que sirve para engastar al mencionado ritmo frenético de la cinta, la continua e irritante sensación que la historia desprende. 

Finalmente, este peculiar thriller criminal, plagado de mafiosos de medio pelo y estrambóticas criaturas judías, consigue deslumbrar por momentos casi tanto como las joyas que presenta, conseguirá desesperar a muchos, verla en familia, como producto Netflix que es, generará una indudable controversia, bastará decir, para defenderla, que se adscribe, de manera bastante libre y original, a ese deseado cine de perdedores que tan bien suele funcionar en pantalla, al tiempo que consigue perdurar en la memoria pasados unos días, algo que no se puede despreciar en los tiempos que corren, con tanta saturación de productos manufacturados, pululando por el siniestro espacio virtual.


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