Crítica a 'Jojo Rabbit': El mejor remedio contra el extremismo, una sátira tan feroz como creativa.






Vivimos tiempos confusos, la llegada del nuevo milenio, parece haber despertado de su letargo una serie de extremismos, hibernados sin duda dentro de las democracias occidentales durante varias décadas, que por un extraño y continuo proceso de regresión mental, destinado a ensalzar el populismo, han vuelto a aflorar con una fuerza solo comparable, a niveles tan preocupantes como los sufridos durante gran parte del siglo pasado.

Administrando, con la máxima solvencia, su habilidoso fichaje por Marvel, el neozelandés Taika Waititi, con una dilatada carrera como realizador en su país, produce, dirige, escribe y protagoniza, una más que particular sátira sobre los instantes finales de la II Guerra Mundial, reservándose el papel de un Hitler imaginario, en su relación con un niño alemán recién apuntado a las juventudes hitlerianas.

A través de una serie de referencias más o menos reconocibles, entre las que destaca, en el plano estético, la sombra del norteamericano Wes Anderson, Waititi adopta la mirada amable de su joven protagonista, pero sin mostrarse nada condescendiente, incluso actúa de manera cruel en algunos pasajes, enfrentándole a la realidad prácticamente desde los primeros compases, en el que adopta ese sobrenombre de Rabbit que define el título, perpetrando con enorme talento, ese factor tan recurrente de inocencia interrumpida.

Sin caer demasiado en el exceso, algo que hubiera resultado bien fácil en tan arriesgada apuesta, el realizador encuentra ese punto de magia cinematográfica, en el que el espectador se encuentra cómodo, gracias a una deslumbrante coherencia narrativa, llena de matices, pero al mismo tiempo preocupado por la tensa situación que rodea a sus protagonistas, bien apoyado en una puesta en escena colorida y vital, con un vestuario y unos escenarios a tono, que ayudan a potenciar y disfrazar, desde lo visual, los mejores hallazgos argumentales de los que hace gala la cinta.

Hablando de técnica, la música juega un papel fundamental en el desarrollo de un film, que cuenta con la partitura siempre adecuada de Michael Giacchino, pero que se hace poderosa en el uso de las canciones, desde el 'I Want To Hold Your Hand' de los Beatles, en alemán, expuesta al paralelismo de los desfiles nazis a través de imágenes de archivo, marcando el carácter de entusiasmo inicial, para encontrarse más tarde con otras, entre las que destaca 'Héroes/Helden' de David Bowie, también el alemán, algo que alienta ese gusto por los detalles, de un Waititi tan entusiasta como comprometido con su causa.

Del reparto, señalar la habitual solvencia de Sam Rockwell, uno de esos actores bendecidos con el mayor de los talentos, y una Scarlett Johansson entregada al que podría ser su mejor papel, sería injusto decir que sus presencias se limitan al plano secundario, tal es la importancia vital de sus personajes para el film. Sobre Waititi, el cual modula su Adolf Hitler de manera adecuada, destacar el excelente trabajo de dirección con los críos, seguramente porque como niño grande que se niega a crecer, les entiende como igual. Gran parte del éxito lo sujeta un Roman Griffin Davis superlativo, solo superado, y apunten este nombre, a una Thomasin McKenzie convertida por derecho propio, en la auténtica reina del baile.

Finalmente, se hace casi obligado, por lo dicho en un principio, acudir a 'Jojo Rabbit', y hacer examen de conciencia, al menos en el plano cinematográfico, una película puede conseguir, por su alcance universal, mejores resultados que esos libros que nadie lee, y que los más bárbaros incluso quieren quemar, vivimos tiempos confusos, pero nada es definitivo, con el nudo en el corazón que las mejores imágenes del film provocan, cabe señalar ese poema conciliador, como último apunte contra ese extremismo, el colofón perfecto para una de las películas más creativas del año.

'Deja que todo te suceda
La belleza y el terror
Sólo sigue adelante
Ningún sentimiento es final'

- Rainer Maria Rilke.

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