Crítica a 'El Faro': Poema Complejo, Hipnótico e Inquietante, escrito para un público selecto.



El cine de autor, alcanza en la actualidad tales cuotas de solemnidad, que hace tiempo abandonó el estrecho margen del Drama, para alcanzar con sus tentáculos otros géneros tan impensables como el Terror, al que reviste de un sofisticado barniz de inquietud, donde lo explícito pasa a un plano de menor necesidad, y la obra se transmite de forma inmersiva, taladrando la mente del espectador de manera apabullante.

Tras su brillante tarjeta de presentación con 'La Bruja', Robert Eggers culmina su segundo trabajo en la linea de los más destacados autores contemporáneos, agradece a Ari Aster su ayuda en los créditos finales, algo que al mismo tiempo, y no por casualidad, hace resonar con fuerza el legado del maestro Paul Thomas Anderson, por parte de la forma y el contenido de este faro, al que unen elementos solemnes de aquella obra magna llamada 'Pozos de Ambición', posiblemente, la mejor película de lo que llevamos de milenio.

Basada en los relatos, más bien legajos, de Herman Melville, padre de Moby Dick, sobre la difícil experiencia del oficio de farero, y ambientada en ese periodo que le contempla como escritor, entre mediados y finales del Siglo XIX, con referencias a otros celebres autores de la talla de H.P. Lovecraft, el realizador asume la oscuridad de ese tiempo pretérito, escoge el blanco y negro cómplice, el cual lo ayuda a vestir con mayor elegancia el aspecto visual del film, a través de una minuciosa puesta en escena, plagada de virtuosos encuadres dotados de simetría.

Como experiencia inmersiva, este faro no se muestra condescendiente con el espectador, muchos son los temas que subyacen en su rocoso estilo narrativo, tales como el miedo a la soledad, o la constante lucha del ser humano contra los elementos, aspectos que no se exponen de manera consecuente ni lineal, exigiendo un relativo esfuerzo de comprensión en muchos de sus pasajes.

Entre los aspectos más positivos del film, se encuentra ese deslumbrante duelo de titanes que escenifican un Willem Dafoe superlativo, cascarrabias irrecuperable, pedorro, la voz de la experiencia del viejo lobo de mar, en contraposición a un cada vez mejor Robert Pattinson, entregado a otra clase de crepúsculo, situado más bien en el ocaso, justo el punto en el que se exige un verdadero esfuerzo interpretativo, en un convincente descenso a los infiernos del que sale bastante airoso.

Como brillante ejercicio de estilo, Eggers sustituye el petróleo de aquellos pozos, por la espuma salada del mar, elemento que igualmente corroe el alma de sus desdichados protagonistas, juega muy bien con las texturas, los sonidos, las tonadillas marineras de borracho, las gaviotas, el aislamiento, detalles que ayudan a configurar una atmósfera tan hipnótica como inquietante, de una belleza salvaje.

Finalmente, es bastante seguro que 'El Faro' no es un film para todos los públicos, requiere un nivel de implicación, que aplastará sin piedad a todos aquellos poco formados en este tipo de exigencia, una obra tan hermosa como punzante, que ciertamente describe algunos círculos sobre si misma, condenada a un único escenario, pero sabe transmitir su mensaje con sobriedad, abrazando con solvencia ese espectro literario, que hace que puedas saborear el relato con la seguridad de sentirlo casi en el papel, una forma tradicional de expresión, que cada vez cede más terreno al filtro opaco del celuloide.

 







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