Crítica a '1917', Misión: Preservar la épica grandilocuente en el Séptimo Arte.



El británico Sam Mendes, no es de esos directores que se prodigue en exceso en el panorama fílmico, su escaso recorrido está eso si, plagado de títulos de relumbrón, previos a su reciente paso por la franquicia 007, la cual elevó, sobre todo con 'Skyfall', a niveles cercanos a la consideración de autor, algo que de algún modo, hacía presagiar que todo ese tránsito comercial acabaría por mostrar un trabajo de mayor magnitud, más apegado a su categoría como realizador.

Una cosa era sospechar que sería grande, y otra descubrir atónitos las dimensiones de 1917, de la que decir simplemente que es otro film bélico ambientado en la I Guerra Mundial, es sencillamente quedarse corto, como muchas de las mejores películas de la historia del Séptimo Arte, el film transita por géneros tan dispares como la aventura o el terror, convirtiendo la obra en una experiencia superlativa.

Todo surge del esfuerzo de Mendes, por convertir su odisea en algo verdaderamente titánico, y ponerla a la altura de la compleja misión de sus protagonistas, rodada de forma cronológica, en tiempo real, y con ese falso pero deslumbrante plano secuencia sin cortes de 120 minutos, detalles todos ellos destinados a configurar el magno espectáculo que ofrece la cinta.

Hablando de técnica, algo de lo que bien puede presumir 1917, destacar la excelente partitura de Thomas Newman - escuchen simplemente el fragmento 'The Night Window' - compositor habitual del realizador, modulando los diferentes pasajes del film con enorme oficio, el mismo que contempla el insuperable trabajo de fotografía de Roger Deakins, otro habitual, pero de los Hermanos Coen, los dos profesionales más reconocibles en unos apartados, desde el sonido al vestuario, pasando por el montaje y el virtuosismo de la puesta en escena, logrados al máximo para la causa de un film, comprometido por ofrecer un punto máximo de calidad.

Del reparto, los emergentes George MacKay y Dean-Charles Chapman, muy implicados interpretativa y emocionalmente en su cruzada, encuentran el refuerzo de pesos pesados del cine británico, como Benedict Cumberbatch o Colin Firth, bien situados en el plano secundario, promotores de esa misión imposible contrarreloj, a la que se ven abocados sus jóvenes protagonistas.

La Gran Guerra, el episodio bélico más terrible de la historia moderna, se muestra por tanto dotado del máximo realismo, Sam Mendes ha fabricado 1917 para que la disfruten todos los públicos, más o menos cinéfilos, de estos últimos, y dado que vivimos en una época de extraña regresión mental, seguro habrá alguno que dirá que no es para tanto, pero se sospecha que incluso esos, habrán quedado deslumbrados con lo potencia narrativa y visual de sus mejores pasajes.

Un apunte, desde 'Senderos de Gloria', del maestro Stanley Kubrick, nadie había mostrado ese transito por las trincheras de manera tan apabullante, no es casualidad tampoco pensar, salvando las distancias, en cierta forma y contenido que empareja al film a otra obra insuperable, 'Apocalypse Now', de Francis Ford Coppola, seguramente porque algunas de las mejores películas bélicas de la historia, se encontraban en la cabeza de Mendes a la hora de acometer la producción.

Para terminar, y en un planeta cine dominado actualmente por la omnipresencia de lo independiente, resulta muy gratificante encontrar un film rodado a la antigua, con los mejores medios a su alcance, sin escatimar presupuesto, llamado a preservar la épica grandilocuente del mejor cine, y ocupar en el futuro, de forma totalmente merecida, esos recurrentes espacios reservados a la mejores películas jamás rodadas en su género.








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