Crítica (siempre sin spoilers) a 'Star Wars: Episodio IX, El Ascenso de Skywalker'



Tan enérgica visualmente, como atropellada y tibia en sus conclusiones. Un nuevo fin de ciclo para la decana de todas las sagas cinematográficas.



 Es algo puramente generacional, la gran mayoría llegó a este mundo, y Star Wars ya era un fenómeno global, grabado a fuego en el subconsciente cinéfilo desde hace algo más de cuarenta años. La hemos visto crecer y expandirse por la galaxia, con sus defectos y sus muchas virtudes, hasta convertirse con cada nuevo estreno, en el mayor acontecimiento fílmico de la historia del Séptimo Arte.

A estas alturas, no hace falta discutir el infinito impacto que la obra ideada por George Lucas, ha producido sobre la cultura popular a lo largo de estas cuatro décadas, siempre sujeta a cambios, entre pesadillas croma y adquisiciones por parte de Disney, el verdadero lado oscuro, que por suerte, no parece haber afectado en exceso al producto, sabedora de la enorme responsabilidad que supone alterar un ecosistema tan reconocible, protegido por millones de fans.

Ente una cosa y otra, llegó ese resucita cadáveres llamado J.J. Abrams para devolver estabilidad a La Saga, su Despertar de la Fuerza era tan vibrante y vistoso, como convencional, apuntaba en una dirección previsible, hasta que Rian Johnson se encargó de borrar de un plumazo todo rastro lineal, Los Últimos Jedi era un film extravagante, pero recuperaba por momentos, las mejores esencias del universo Star Wars, preparando un terreno renovado de interés y expectación, de cara al final de esta nueva trilogía.

Un cierre del que se ocupa de nuevo un Abrams enérgico, dotado de un talento visual incuestionable, pero que retorna a ese convencionalidad mencionada, fabricando un vehículo cómodo para los adeptos, pero menos arriesgado, y bastante más atropellado de lo que seguramente Johnson, e incluso él mismo hubiera deseado en origen, su conclusión es tibia, diseñada para agradar a muchos, pero disgustar a un número mayor de sanguinarios trolls, esos que al igual que el dependiente de la tienda de cómics de Los Simpsons, compran sus entradas para el preestreno, y repiten pase en día sucesivos, mientras arrastran su supuesto descontento por toda la galaxia virtual.

El reciente estreno televisivo de 'El Mandaloriano', tampoco va a ayudar a este Ascenso de Skywalker, el carácter sencillo y artesanal de la serie, conecta con la primera edad, lo que provoca un choque frontal con el apabullante diseño visual del film, que adolece de un grado inferior de conexión, lo cual provoca un evidente desequilibrio en la fuerza de tan singular universo. Solo el tiempo dirá cual se mantiene mejor en la memoria, pues el cine siempre ha sido una cuestión de espacio y tiempo, factores decisivos sobre los que alcanzar una auténtica y consistente valoración.

A favor, que este noveno episodio suponga el adiós del maestro John Williams, ya debería ser un motivo sobrado para la celebración, suyo es el mayor triunfo a lo largo de estas cuatro décadas, curiosamente, en un año cinematográfico marcado por testamentos y fines de ciclo en diferentes géneros, su partitura impecable y emotiva, culmina el último hallazgo de un estilo superlativo, que ha hecho más por la franquicia que ningún otro sonido o pirueta inconfundible.

Del reparto, destaca la evolución de Adam Driver, que si bien no tuvo el beneplácito del público al principio, ha sabido configurar su personaje a golpe de talento, mejorando su registro como actor en diferentes producciones de calidad, algo de lo que Kylo Ren ha sabido aprovecharse para coronarse Rey, en un film que juega torpemente la baza de la igualdad de género. En el plano secundario, destaca la presencia de Carrie Fisher, la eterna Princesa Leia, con unas escenas grabadas previas a su fallecimiento.

Finalmente, hay que aceptar que a grandes rasgos, Star Wars es desde hace algún tiempo, como el sexo desde la aparición de la Viagra, es más fiable a la hora de consumar, pero pierde el encanto y el frescura de antaño. De cualquier modo, la salud de la saga está en manos de las nuevas generaciones, siempre mejor preparadas para esquivar la comparación, y dejarse llevar, sin tantos reproches, de tan cuidado vehículo de fantasía. En ese punto, algo que este ascenso deja entrever, insertado ya en la decana de todas las sagas cinematográficas, es que aún quedan aventuras galácticas de sobra, en tan reconocible y creativo universo, con clara tendencia a lo infinito.



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