Critica: Seis en la Sombra por Rodrigo Martín Noriega




Qué cosa tan reaccionaria, racista, políticamente estúpida y moralmente vomitiva. Maravillosa, en fin. Michael Bay es probablemente uno de los peores directores de la historia del cine, pero es un autor. Vale que su obra podría definirse como basura efectista para espectadores con déficit de atención, pero nadie hace esa basura mejor que él. Un respeto.

Seis en la sombra, ojo, tiene unos veinte minutos iniciales que son de lo mejor del año, y lo digo sin ironía. Porque solo Bay puede rodar una persecución así, solo un tipo desquiciado y anfetamínico como él puede poner la cámara donde él la pone. Son minutos de pura energía cinética y auténtica adrenalina, lo mejor que ha rodado Bay en su vida. Luego todo vuelve a lo normal en su cine, escenas de acción cuya grandilocuencia enmascara la incapacidad de Bay para la puesta en escena o para lograr algo parecido a una mínima empatia con los personajes. Ruido, luz, furia, movimiento y montaje imparable que te bombardea el cerebro sin compasión. Pero con hallazgos marca de la casa como los momentos del barco convertido en un imán. Qué salvaje es Bay, qué jodido macarra, que Dios le bendiga. Dios entendido como un tío puesto de cocaina que ha desayunado Red Bull y cuya ética es la de un psicópata narcisista. Sólo de ahí puede surgir una peli como esta, tan irritantemente estúpida en su subtrama política.

Que Michael Bay es un gilipollas está fuera de toda duda. Pero es un gilipollas de lujo. Y nadie hace gilipolleces mejor que él. Que en Francia le acaben considerando un auteur es cuestión de tiempo. Luego no digáis que no os avisé. Bay, hijo mío, eres un demente con un mal gusto impresionante y no sabes rodar una conversación sin mover la cámara o iluminar todo como un videoclip. Pero te queremos. Hay muchos tipos normales haciendo cine anodino. Artistas de lo aberrante como tú, muy pocos. Larga vida a Michael Bay.

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