Crítica a 'El Irlandés': Réquiem por un género.



En la cúspide del mejor cine de gánsters moderno, curtido durante dos décadas, bajo una base criminal tan novedosa como agresiva, el cine de Martin Scorsese alcanzó su particular cenit en los 90, gracias a dos obras maestras de la envergadura de 'Goodfellas' y 'Casino', las únicas piezas fílmicas comparables en calidad al nivel de los padrinos.

La ruptura pacífica a mediados de los 90 con Robert de Niro, su actor fetiche, supuso además un cambio de rumbo en el cine del realizador, que durante los últimos veinticinco años, se ha mostrado algo caprichoso e irregular en la elección de sus proyectos, entre homenajes clásicos, y películas que en ningún caso se acercaban al grado superlativo de las mencionadas.

A sus 77 años, y consciente de estar ante una oportunidad única de cerrar esa posible trilogía mafiosa ganadora, Scorsese acepta el reto del guionista Steven Zaillian, adaptando la historia del libro 'I Heard You Paint Houses', <'He oído que pintas casas'> de Charles Brandt, un relato generacional a través de los últimas décadas, que recoge la vida de Frank Sheeran, famoso sicario del crimen organizado italoamericano, en su estrecha relación con personajes tan célebres como Jimmy Hoffa, el celebérrimo líder sindicalista.

Con un tono menos compulsivo, Scorsese construye un relato tenue, de enorme profundidad dramática, que se manifiesta como un evidente auto homenaje en el ocaso de su carrera como cineasta, describe a los personajes de una forma madura, con un sentido del humor más contenido, ejecutando su particular réquiem a un género, que le pertenece de forma incuestionable tras su histórica aportación.

No faltan ninguno de los elementos que han hecho grande tan particular estilo, desde el mejor uso de la voz en off, a esos deslumbrantes planos secuencia sin cortes, el tono documental, la inserción de la música, y sobre todo, teniendo en cuenta la extensa duración que contempla a 'El Irlandés', el portentoso trabajo de montaje de Thelma Schoonmaker, colaboradora habitual del realizador, limando las transiciones entre los diferentes arcos argumentales, evitando que decaiga el interés, y la profunda fuerza narrativa de la que hace gala.

De esa reunión de amigos que configura el reparto, destaca el enorme trabajo de Joe Pesci, en su último cartucho al servicio del director que mejor ha sabido implicarle como actor, Robert De Niro nunca se fue, pero necesitaba este material para volver a encontrarse con su mejor versión, y un Al Pacino que se une de forma tardía al club, algo sobreactuado, pero con esa energía tan disfrutable que le define. Completa un imponente Harvey Keitel, otro de los actores fetiches de Scorsese, que desde el plano interpretativo, y con una edad ya considerable, cierra junto a los demás, parte de ese réquiem antes mencionado, que además define ese retrato sobre la vejez, otro de los puntos clave del film. 

Como penúltimo apunte, y sobre la polémica con Netflix, seré breve, más le vale a muchos ir acostumbrándose al evidente poder de las plataformas de pago, el cine siempre ha sido un negocio, tras el rechazo de las productoras, si la única forma que había para que 'El Irlandés' llegará a ver la luz era ésta, con un presupuesto de 140 millones de dólares, y atendiendo al resultado, bienvenido sea.

Para terminar, estamos ante un legítimo y sentido testamento cinematográfico, es el fin de una forma de hacer cine, firmado de parte de uno de los grandes realizadores contemporáneos, curiosamente el año que 'Joker' de Todd Philips, homenajea un par de las obras más icónicas de Martin Scorsese, algo que viene a reforzar la presencia de 'El Irlandés', como una de las películas más solemnes e indiscutiblemente magistrales, en el plano cinéfilo, de lo que llevamos de siglo.




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