Crítica a 'Doctor Sueño': Estimable ejercicio de conciliación.


Hubo un tiempo, ubicado entre finales de los 70 y mediados de los 90 del Siglo Pasado, en los que adaptar las novelas de Stephen King a la gran pantalla, era casi una tarea obligatoria para Hollywood, que repartía sus producciones entre diferentes formatos, que comprendían desde un holgado presupuesto, hasta el más cutre formato televisivo.

Entre los que pretendieron adaptar a King con mayor fortuna y medios, se encontraba Stanley Kubrick, con casi toda seguridad, el mejor y más obsesivo realizador de todos los tiempos, que en esa búsqueda de un vehículo comercial, tras el fracaso de la magistral 'Barry Lyndon' (1975), se puso manos a la obra con una de las novelas más icónicas del escritor, llevando a su terreno una historia que, salvo por la estructura formal y los personajes, se distanciaba bastante de su origen literario.

Es por eso que, casi cuarenta años después, no ha debido ser nada fácil convencer a Stephen King para adaptar su secuela, publicada en 2013 con el título 'Doctor Sueño', que al mismo tiempo supone un homenaje al film de un Stanley Kubrick, al que nunca la tembló el voz para afirmar que 'El Resplandor' no era una gran obra, aún reconociendo que estaba bien escrita y poseía un buen diseño de los personajes.

Sabedora del potencial del relato, a La Warner solo le preocupaba encontrar una figura capaz de conciliar ambos universos, responsabilidad que finalmente recayó sobre Mike Flanagan, un realizador de escaso recorrido, pero con la enorme baza de haber convencido a propios y extraños con 'La Maldición de Hill House', un convincente relato de terror, que abraza clasicismo y modernidad a lo largo de 10 episodios sobrados de virtuosismo.

Aportando las misma dosis de elegancia, Flanagan persigue ese equilibrio entre la inquietud y el drama, que tan buenos resultados le diera en la mencionada serie, para construir un 'Doctor Sueño' propio, que debe arrastrar algunos de esos elementos tan poco cinematográficos que posee la obra de King, pero igualmente, sabe apoyarse en el rico imaginario visual de Kubrick, para despertar esa nostalgia que supone regresar a los pasillos del mítico Hotel Overlook, reconstruido al milímetro de forma prodigiosa, lugar de pesadilla para varias generaciones, nacido en una época muy propensa a fabricar las mejores películas para el género de Terror.

Como defecto, e indagando meramente en ese aspecto dramático, a Flanagan no le acompaña un reparto comprometido, salvo una excelente Rebecca Ferguson, los actores cumplen a un nivel más bien modesto, algo que se resume en el protagonismo de Ewan McGregor, algo sobrepasado por su personaje, un Danny Torrance ya adulto, que arrastra serios problemas con el alcohol, y que no se muestra del todo convincente, al menos a la hora de expresar lo que su habilidad debe suponer como maldición personal.

Por contra, un buen trabajo técnico, y algún que otro sobresalto genuino, hará las delicias de todo aquel que disfrute, con ese estilo de pura intranquilidad que acompaña al cine de terror actual, bien delimitado por la música de los Newton Brothers, y por la fotografía tenue de Michael Fimognari, todos ellos importados directamente de Hill House, y aún en estado se gracia.

Finalmente, y respondiendo a esa pregunta que debe asaltar irremediablemente a la gran mayoría, hay que reconocer, porque resulta imposible no comparar ambos productos cuando se trata de una secuela, que este nuevo resplandor brilla con menor intensidad que su predecesora, algo por otra parte lógico, cuando se habla de una de las mejores películas jamás filmadas en su género, que incluso se manifiesta claramente superior al texto original, pero pese a portar un grado menor de solemnidad, 'Doctor Sueño' no es para nada un producto despreciable, sabe mostrar interés y deseo de aportar su granito de arena a tan peculiar universo, gracias sobre todo al palpable entusiasmo de su realizador por el material, tanto fílmico como literario, algo que justifica con creces su existencia, por mucho que se encuentre todo el tiempo, bajo la sombra al acecho de tan particular legado. 



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