Crítica a Joker: Colores de Guerra Sucia

El extraño eje actual sobre el que gira el Séptimo Arte, es para partirse de risa, anunciada la existencia de un film centrado en la figura del villano más famoso y carismático de DC, no fueron pocas las voces que tildaban la apuesta de fallida, y la interpretación de su protagonista como ridícula, pese a que era evidente que pocos o ninguno podían haberla visto. 

Tras su paso por el prestigioso Festival de Venecia, con El León de Oro a la mejor película incluido, las corrientes de opinión giraron hacia el entusiasmo, dejando una vez más al descubierto esa habitual desinformación, la cual representa uno de esos males endémicos, que las cada vez más omnipresentes autopistas de la comunicación han generado tras el cambio de siglo. 

Quizá toda esta estrambótica secuencia de acontecimientos, no deje de ser un fiel reflejo del convulso momento que nos ha tocado vivir, donde las noticias se muestran sesgadas o confusamente adulteradas, porque como ya sentencia el protagonista en cierto momento del film, sobre lo de creer vivir en una tragedia, pero darse cuenta que en realidad, es una comedia, resume el grado de enfermedad social al que esta expuesto el individuo, en ese punto, el villano se convierte en una referencia, en un icono de la contracultura, y la viva imagen del descontento de una generación profundamente cabreada.

Tras la cámara, el guionista y realizador Todd Phillips recoge una serie de tendencias ganadoras para su causa, la principal, aprovechar el tirón de los personajes del cómic, dibujados durante décadas con acierto y carisma, sujetándolo a través de un filtro de realismo, que ya practicó Christopher Nolan previamente en su trilogía de Batman, con un malogrado Heath Ledger rozando la perfección en la piel de un Joker, que para ésta nueva visión, abraza los códigos del cine independiente para expresarse de forma aún más libre y contundente.

Del reparto, poco vamos a descubrir ahora del talento de Joaquin Phoenix como interprete, suyo es un escenario de tres pistas, sobre el que brilla desde la presentación hasta el desenlace, representando un particular y enloquecido descenso a los infiernos, que le lleva a convertirse en ese genio criminal sobrado de convicción, sujetando al mismo tiempo, y con firmeza, la pesada losa que Ledger dejó para la posteridad.




En el plano secundario, destaca la presencia de un Robert de Niro muy cercano al personaje que ya interpretara en 'El Rey de la Comedia' (1982), algo que no parece una casualidad, sobre todo teniendo en cuenta que nos encontramos ante un film ambientado sobre un marcado concepto retro, que claramente intenta homenajear las esencias del mejor cine del maestro Scorsese, ese estilo urbano, sucio y visceral, sobrado de energía, que encontró su mejor alianza, en sus orígenes, bajo la brillantez argumental del guionista Paul Schrader. 

Finalmente, este paseo por el Ghotam más oscuro e independiente, resulta tanincomodo como memorable, sorprende que en plena era de máxima corrección, La Warner haya decidido apoyar de forma valiente un producto tan transgresor, reflejo deshumanizado de nuestra época, que en realidad puede ser válido para cualquier época, y que genera ese extraño entusiasmo por la obra y hazañas de un psicópata perturbado, aunque solo sea porque en el fondo, todos deseamos que una pequeña revolución triunfal acabe, aún de modo puntual en el reino de la ficción, con el hastío y la desilusión existencial.

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