La Novena Película de Tarantino: Un sueño cumplido para el realizador y sus fieles.




Sucedió hace 50 años, Hollywood se encontraba en plena transición cinematográfica, de su época dorada a la más absoluta y rabiosa modernidad, a finales de los 60 el cine norteamericano pedía a gritos un cambio de rumbo radical, e incluso algunos directores como Arthur Penn, - 'Bonnie & Clyde' (1967) - se habían anticipado desde un terreno más polvoriento o fronterizo, que dejaba atisbar desde el horizonte, la profunda y violenta transformación, que se estaba a punto de acometer sobre los cimientos del Séptimo Arte.

Según palabras del propio Quentin Tarantino, 'El cine vive el final de una era', seguramente consciente de estar ante una nueva transición, parecida a lo acontecido en la década de los setenta del Siglo Pasado, el realizador ha tirado de nostalgia en su novena película, apuntalando dicho concepto desde el propio título, ese 'Érase una vez', que Sergio Leone ya imaginó para sus dos epopeyas sobre Norteamérica, por mucho que los homenajes explícitos no tengan mucho o nada que ver con aquellas, y compongan finalmente un crisol tan indescifrable, que el propio Tarantino se ha apresurado a dar un pequeño listado de obras a consultar para los más curiosos.

Una serie de referencias al cine de Serie B tan interminable, como casi lo es la lista de actores que transita por un metraje, en el que repiten Leonardo DiCaprio como el puto Rick Dalton, un insuperable Brad Pitt, y la presencia de veteranos como Al Pacino o Kurt Russell, entre otros, con especial significación para Margot Robbie, estupenda en el papel de la malograda Sharon Tate.  

Ficción y realidad se funden en tan peculiar universo, no faltan la violencia explícita, los pies de mujer como fetiche supremo, o ese gusto por los diálogos marca de la casa, tan malsonantes como memorables, pero en este caso, el film persigue un objetivo nuevo, mostrar como se puso fin de forma brusca a toda una época, la cual ha sido idealizada por el realizador a lo largo de su ya dilatada carrera.

Esa consumación de un sueño perseguido durante años como cineasta, rememora con añoranza esos últimos estertores de la edad de oro, cuando aún se rodaba en celuloide, la televisión era casi tan importante como la gran pantalla, o se podía disfrutar de las sesiones dobles, y todo ello en La Meca del Cine, un escenario que evidentemente no es casual, y que ha sido reconstruido al detalle para la ocasión.

En los apartados técnicos, destaca el trabajo de fotografía de Robert Richardson, responsable directo de que la estética Pulp luzca de manera encomiable, adornados siempre por el excelente pulso como realizador de un Tarantino, al que siempre se le percibe disfrutando libremente de su incesante torrente creativo.

Finalmente, 'Érase una vez en....Hollywood' en un film intenso, honesto, infectado de una cinefilia apabullante, lo cual deja cierta sensación formal, de que quizá sea solo para creyentes, algo que tampoco debería ser un problema, en un planeta cine perpetrado para el disfrute casi en exclusividad del gran público. Para el resto, seguidores - como un servidor - de tan particular estilo, la recomendación se acerca holgadamente a la categoría de imprescindible.







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